Claro, después de años estudiando el arte del baile, ya uno se defi... bueno, que lo intentamos. Los chicos de Algarra nunca nos hemos caracterizado, excepto algunos casos, por nuestro buen bailar, sino más bien por nuestro excelente paladar. Pero si nos pillan inspirados (y doblados), las canciones no-bailables pueden ser un espectáculo: saltos, patadas, empujones, alguna moradura... vamos, lo habitual.

 

Pasodobles: Es la música más peligrosa. Como a priori es bastante fácil, uno se anima y saca a bailar a una de las mujeres algarreñas (o lo sacan a él). Todo va bien hasta que la víctima, sorprendida de nuestro saber hacer, se confía: "Venga, ahora una vuelta, como los que tenemos al lado...". Empieza la aventura... sincronización con la pareja, concentración, mirada al frente y... ¡Zas! Amago de vuelta que más que un paso de baile parece una llave de yudo. Con suerte no nos caemos, pero el descojone de nuestros compañeros va a durar toda la noche..."Joder, pensaba que ya habrías aprendido", "Siempre igual, siempre igual...". En fin, para olvidar nuestra torpeza, nada mejor que una cervecita fresca.

Rumbas: Sin problemas. Seguramente nadie va a bailar contigo porque todas saben que gastas un 45 y no eres precisamente hábil en lo de coordinar las dos piernas. El único inconveniente se produce cuando, excesivamente alegre por el alcohol que riega tu sangre, intentas demostrar que lo de la rumba ya hace que lo superaste, y no sólo bailas tu mal, sino que desconcentras a tu pareja, la pisas, y toda la plaza se queda "admirando" tu estilo.

Corridos: Convencido por los comentarios del tipo "Na, si esto es como un pasodoble pero más rápido" te lanzas a la pista... Todo va razonablemente bien, pero llega el fatídico momento: la vuelta. Lo que iba a convertirse en una artística vuelta acaba contigo empotrado en la mesa de mezclas, o, en el mejor de los casos, sobre la pareja de al lado. Te juras que no te volverán a engañar y vuelves al bar, que es más seguro.

OBB (Otros bailes bailables): Dentro de este saco tenemos salsa, vals, merengue, cumbia... cualquier cosa que a los de la orquesta les dé por tocar. No hay problema si avisan de lo que es antes de empezar ("Y ahora, este bonito vals para toda la gente de El Cubillo..."), porque así ya sabes que no tienes ni idea y vuelves al bar... El problema es cuando no avisan, que te sientes desorientado ("¿Oye, esta música que es?") o cuando avisan mal y pensando que es un pasodoble, sacas a bailar a alguna... las imágenes más patéticas se producen aquí, cuando te fijas que toda la plaza baila de forma diferente a la tuya y tratas de autoconvencerte: "Fijate, si es que no tienen ni idea..." .

BS (Bailes saltables): A partir de las tres o tres y media, cuando los más ancianos del lugar han abandonado la verbena y la juventud tiene que quemar como sea el alcohol ingerido para poder volver en coche, las orquestas tocan todo tipo de piezas modernas o, al menos, saltables. Desde clásicos como "Maneras de vivir" (Leño) o "Litros de alcohol" (Ramoncín), hasta "Jesucristo García" (Extremoduro) o "Chup-chup" (Australian Blonde), pasando por Ska-P, Albert Pla o Sabina, todo es botable. Digamos que este es el único punto de la verbena en el cual los de Algarra destacamos fuera del bar: o saltos incontrolados pegándonos empujones y patadas (entre nosotros claro, que como somos pocos no conviene ir buscando peleas), o todos agarrados y "bailando" en plan "Paquito Chocolatero" pero en rápido. Intentamos seguir la letra de la canción como nuestro estado nos lo permita, consiguiendo letras alternativas ("Insolación, insolación, na na na na...") cuando nos perdemos. Un resultado increíble, que sólo los que han aguantado hasta última hora tienen el placer de contemplar.